Rubén Briongos Balin

Un poco de cerveza me iría mejor, si a vos no os importa, mi buen señor -dijo Balin, el de la barba blanca-. Pero no me incomodaría un pastelillo, un pastelillo de semillas, si tenéis alguno.

Corría septiembre de 1996, recién llegado yo a Valladolid, dispuesto a comenzar el primer año de carrera. En mi peregrinar por la ciudad para ir haciéndome con las calles y esas cosas me encontré un cartel que decía que había una exposición sobre Tolkien en un centro cívico cerca de mi casa. "Vaya, que interesante, si hay más gente a la que le gusta esto, y encima se dedican a hacer exposiciones y cosas"- me dije.

Unos cuantos días después, una tarde calurosa me dejé caer por allí. La sala era grande y la exposición estaba bastante surtida. Sonaba música celta y al fondo había una mesa con un chico que parecía leer alguna revista pequeña (luego supe que era el Estel) un impresionante estandarte de Arnor y Gondor y otras cosillas de la historia de este smial. Anduve por allí mirando mapas, viendo los posters que ya tenía, los juegos de rol y viendo que había gente a la que le gustaba también Tolkien y El Señor de los Anillos como a mí. En un tablón del fondo había diversos carteles anunciando la STE y diciendo donde se reunían. Se me ocurrió sacar papel y boli para apuntarlo, quien sabe, a lo mejor me daba por pasarme por allí algún día. Extrañamente no se me ocurrió preguntar al que estaba allí. Fue él quien se me acercó (a la caza del socio potencial como diríamos más tarde. Al parecer no era la primera vez que sucedía exactamente lo mismo, pero Luis Halbarad les dejaba irse sin hablar con ellos. Haldir fue mucho más avispado y se lanzó en plancha. Este montaraz siempre ha sido un poco rarito...Je, Je, Je) Comenzamos a hablar, le pregunté que era la Sociedad Tolkien, que hacían etc. Me picó el gusanillo y quedamos en que me pasase al día siguiente para hablar con el presi, Luis, para que me contase más cosas, porque como más tarde descubrí, Haldir era un recién llegado a la casa de Elrond.

Y tras hablar al día siguiente con Luis, asistir a mi primera reunión, conocer a nuestro queridísimo Santi Bilbo, a Pablo Legolas Hojaverde y a otras personas que más o menos se dejaban ver por allí acabé por formar parte del smial. El como me empezaron a llover los cargos de cronista, tesorero, presidente y prácticamente secretario es otra historia, y será contada en otra ocasión.

Alguna de mis obras que puedes encontrar en estas páginas son:



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