Análisis histórico de la Tierra Media


Entre los fieles tolkienistas parece haberse ido extendiendo una concepción según la cual la Tierra Media es un mundo rigurosamente construido y articulado sistemáticamente. Algunos ven en esto el mayor logro del autor, pues se concretiza así la vocación más noble del hombre, la de contribuir a la obra divina con su imaginación y trabajo. El propio Tolkien pretendía justificarse así ante Dios y la sociedad después de haber gastado media vida en imaginar lenguas e historias fantásticas.

Otra corriente, de aire "holmesiano" pretende hacer realidad del juego y se empeña, más o menos lúdicamente, aunque tal vez con fanatismo, en ver las narraciones de nuestro escritor como crónicas reales y no como ficción, pues su mundo es demasiado rico y concreto para ser inventado.

Las dos corrientes son un reconocimiento a la capacidad literaria del autor, que ha sabido dotar a su obra de una cierta profundidad histórica (o mejor mítica) y de una corporeidad sensual. Sin embargo, dicho esto, hay que subrayar que la obra de Tolkien como subcreación es solamente mediocre y como recreación histórica sumamente improbable. Cuando a Tolkien le apretaban las tuercas sobre su subcreación se solía refugiar en que su gran epopeya era sólo (o nada menos) que un cuento, una narración. Y es realmente en el registro narrativo donde su obra alcanza lo magistral. Con toda el ingenio que puso en hacer de la Tierra Media un territorio concreto, pudo haber guardado un poco para explicarnos cómo eran las sociedades que la poblaban. Menos cronología, menos montañitas y menos lenguas, por un poco de historia, sociología y economía. El presente artículo pretende modestamente rellenar ciertas lagunas y plantear ciertas dudas al tiempo que reivindica la categoría primordial de la pura narración frente a otros aspectos secundarios, como la subcreación, que se airean demasiado.

Como fuente de mi análisis histórico he utilizado sobre todo los libros publicados por el autor y las cartas. El material post-mortem lo he manejado con reservas. Aprovecho para proponer a toda la Sociedad que se fije un canon tolkieniano, que sirva como base a las afirmaciones.

Comencemos. Así, a vuelo de pájaro, hay que decir que por los atisbos que nos deja ver Tolkien, sus pueblos se construyen sobre tres errores básicos, a saber:

  1. La concepción del futuro como degeneración (salvo tal vez en los hobbits) como corresponde a su visión, tanto literaria como vital ,del mundo caído. Nuestro profesor opone al mito del progreso otra falacia, la de la decadencia continua, muy hermosa literariamente, pero sociológicamente inhumana. La Historia demuestra sobradamente los continuos bandazos a los que nuestra complejidad nos empuja.
  2. La absoluta despreocupación de las variables demográfica y económica en la construcción social, cuando son su verdadero cimiento. Tampoco sabemos nada de las relaciones sociales subsiguientes o de las que se concretizan por la dinámica histórica. Es decir no sabemos nada de las clases sociales, uno de los grandes sujetos de la Historia. Por último sabemos poquísimo de los sistemas políticos y las creaciones culturales de los diversos pueblos. Por si fuera poco todo está deformado por una circunstancia capital: Son sociedades en guerra con lo que esto implica: militarización social y vital, acrecentamiento de los poderes coercitivos, control y asignación de recursos por los mismos, etc.
  3. Es completamente imposible la estabilidad casi crónica de esas sociedades. Se mantiene el mismo nivel de desarrollo, las mismas instituciones y la misma mentalidad desde épocas remotas. El único matiz es que todo va a peor. Sin embargo no se producen revueltas, ni convulsiones sociales ni innovaciones técnicas o de pensamiento. O los resortes de poder eran muy férreos, cosa que no parece en un mundo bastante desarticulado, o la sociedad muy estoica.

La Tierra Media tiene un aire medieval pero mejor no nos apresuremos. Hagamos un recorrido por sus rincones prestando especial atención a hobbits y hombres pues de ellos disponemos de más información.




Los hobbits son un pueblo poco numeroso (cinco mil da el Atlas de la TM) y bastante próspero al decir de Tolkien. Políticamente cada uno cuida de sus propios asuntos y jurídicamente siguen los Preceptos, la antigua ley real, tan perfectos ellos que nunca han debido cambiar una coma en 1500 años. Además los hobbits no están por transgredir la ley, salvo faltas veniales como robar setas, regalos sin tarjeta o cucharas de plata. Nunca ningún mediano mató a otro por su voluntad (admirable sentido de perpetuidad de la especie y manifestación de santa paciencia). Los hobbits no se articulan en torno al derecho; si acaso al derecho natural. Estos buenos salvajes no necesitan así pactos sociales para crear una autoridad protectora y coercitiva, el Estado, que garantice el bienestar y la libertad de la comunidad. La gran fantasía del Estado mínimo se da en la Comarca para envidia de liberales y anarquistas. Ciertamente sólo el Thain como jefe de la Asamblea y de la tropa tiene cierta autoridad en las situaciones de emergencia (escasísimas) por lo que el título es mas bien honorífico. No hay que desdeñar esta cualidad. Los honores son fundamentales en la mentalidad de ciertas sociedades donde las percepciones externas son las que crean los esquemas de pensamiento: son el reconocimiento expreso de su importancia. El único cargo oficial es el de Alcalde, elegido democráticamente (no sabemos si por sufragio universal de género) al que esta agregado el servicio de correos y de policía. El primero era muy activo y es probable que numeroso. (¿Estarían asociados a un gremio?). La policía nunca se mete con nadie; más bien viene a ser guardabosques, y vigilante de fronteras; eran pocos pero los malos tiempos habían obligado a emplear más fronteros. La pregunta que nos viene a la cabeza es cómo se financiaba el Ayuntamiento y sus servicios ¿Había impuestos? Dudamos que los hobbits se avinieran a pagar una tasa en su mundo-chollo. Lo más probable es que se dispusiera de tierras comunales que administraría el concejo y con las que pagaría a sus funcionarios, forma típica de administración municipal en el Antiguo Régimen. Luis Bauxali Halbarad ha sugerido que es el propio alcalde el que financia los gastos con su fortuna personal. Sólo conocemos dos: Will Pie Blanco y Sam Gamyi, ambos repiten muchas veces. Es probable que el coste del cargo limitara las candidaturas (aunque me temo que fuera el desinterés).Se dirá que supone mucho gasto para tan escasos poderes y es cierto. Sin embargo para muchos son más importantes los honores, como ya hemos dicho. No olvidemos que el Alcalde preside el Banquete anual y eso es el colmo de la importancia en una sociedad cuyo norte fundamental es el papeo.

La Comarca está habitada por agricultores acomodados con pequeños talleres (herreros, carpinteros) tiendas (carnicerías, posadas) y algunos servicios (notarios, abogados, molineros). "Los hobbits son agricultores ingleses". ¿Es acaso una sociedad más o menos burguesa? Al menos no es señorial. No hay privilegios ni vínculos jurídicos de dependencia. No sabemos si hay asociaciones de algún tipo pero no parece haber mucho espíritu comunitario; cada uno se ocupa de sus asuntos con lo que cualquier posible desigualdad social nunca sería subsanada salvo por iniciativa individual. Esto parece adecuarse a la mentalidad pequeño-burguesa, así como su cortedad de miras, su falta de iniciativa y su escasa imaginación. A pesar de la abundancia general encontramos pobres en la Comarca. Nuestro buen Halbarad pregunta ¿Hay algún tipo de explotación de una clase por otra? Imaginamos que la mayoría de los hobbits son propietarios y cultivan sus propias tierras destinado la cosecha al autoconsumo.(aunque conocen la moneda no parecen utilizarla demasiado). Pero es posible que haya más granjas como las de Maggot con varios empleados. ¿Tal vez existe un proletariado agrícola que siega al duro sol mientras sus jefes cantan y bailan? Corramos un tupido velo para no mancillar la hermosa utopía de la Comarca.

Sin embargo no podemos obviar el problema de la distribución de la riqueza. Suponemos que la tierra se ocupó como en cualquier colonización, los caudillos más osados se harían con las tierras más ricas y más extensas (Gamoviejo, Tuk, Bolger, etc.). Probablemente a los hobbits esto les pareció muy bien pues Tolkien les había aleccionado sobre la necesidad de aceptar el lugar que a cada cual le corresponde en el mundo. Pero bueno, a pesar de este ligero desequilibrio aceptaremos que casi todos eran propietarios y que algún pobre siempre tiene que haber. (Llegaron tarde, no tenían familia, eran unos vagos, que sé yo). En este panorama encontramos dos casos atípicos: los Tuk y los Brandigamo. Estas dos familias presentan una estructura de clan con muchos parientes viviendo en el mismo territorio bajo la autoridad de un patriarca. No sabemos si la propiedad es del clan o de este último. Tampoco creemos que nadie le tosa, por la cuenta que le trae. En el caso de los Gamos la cosa se complica, pues es casi una colonia aparte de la Comarca, en la frontera, desconfiados del exterior, por lo que se cercan con una empalizada. Hay otros sujetos no Brandigamo que reconocen la autoridad de Casa Brandi. De hecho se utiliza el término equivoco de Señor de los Gamos, ¿Señor cómo? ¿Jurídicamente? ¿Mera autoridad ejecutiva? ¿Rico señor con clientelas económicas o de tipo familiar? Nos inclinamos por una síntesis de las dos últimas. Nada de vasallos en la Comarca.

Este es el cuadro que más o menos esboza Tolkien. Ahora comienzan los problemas de verdad. Nuestro venerado autor explica que la Comarca es una tierra fecundísima bien regada y con una latitud y temperaturas perfectas para la agricultura. Además eran las antiguas Huertas Reales que habían sido labradas con técnicas artesanales de primera. Y con esto se lava las manos. Dos cosas no ha tenido en cuenta (aquí y en todas los pueblos) la demografía y la ley de rendimientos decrecientes. En el mundo de Tolkien se conocen alguna que otra peste venida de lugares inmundos y se subrayan las consecuencias demográficas de algunas guerras. Sin embargo no hay enfermedades endémicas. Los virus y las bacterias no aparecían en la Música de los Ainur. Nadie moría de hambre porque nunca había malas cosechas y la distribución era justa y equitativa... en fin, para que seguir. La muerte no equilibraba los recursos. Volviendo a los hobbits, como se tendía a la familia numerosa, como no había mortalidad endémica ni infantil, como casi todos alcanzaban los cien años y sus estómagos estaban bien regalados tenemos dos conclusiones:

  1. Tolkien metió una pifia descomunal pues en muy pocas generaciones la población aumentaría en progresión geométrica y para mantenerla se debía incrementar la superficie cultivada la cual por la ley de rendimientos decrecientes, se agotaría a medio plazo. No valen ya barbechos, rotaciones de cultivos, regadíos y artesanías o abono animal. A la larga sería necesarias otras innovaciones técnicas (abonos químicos, nuevos cultivos, mejor utillaje) para contrapesar esa ominosa ley económica.
  2. La otra conclusión sería mas importante ¿los hobbits conocían y utilizaban técnicas para controlar la natalidad? Igual no había tantas familias numerosas como se nos sugiere. ¿O será una malformación genética que sólo permite un par de hijos al que no tiene con que sostenerlos?.

Desde el punto de vista de la cultura y civilización no es que los medianos hayan dejado cosas para asombrar. La arquitectura puede ser más o menos simpática, sobre todo las ventanas redondas. Se decía que el tipo de casa tiende hacia la intimidad, hacia el interior. No obstante a los hobbits les encantan la vida al aire libre, los pic-nics, cenas y canciones. Son en general gente sociable, no muy imaginativos pero con gran sentido común. Aman con pasión las cosas sencillas que tal vez son las que merecen la pena. Son el pueblos más moderno para nuestra mentalidad: no les interesa el pasado y mas bien poco el futuro, viven el instante y a ser posible de forma placentera. Su arte (cerámica, canciones) se relaciona con los aspectos más comunes pero gozosos de la vida. Se supone que son capaces de renunciar a todas las comodidades y pelear como fieras cuando es necesario, además de resistir penalidades de los más arduo.

El propio Tolkien reconoció que esto era imposible. (En parte se ve en el dominio de Zarquino; los hobbits no saben actuar contra el enemigo se comportan como borregos a menos que un líder los conduzca). Este es un punto capital. Cosas imposibles como la evolución demográfica de la Comarca o lo antedicho, son aceptadas por el lector no porque se nos han dado elementos rigurosos, concretos y creíbles sino por la magia del cuento, del escritor; no porque tengan su lógica en su propio mundo (que no la tienen) sino porque con frecuencia en un cuento la lógica importa un pimiento. Yo si el libro está bien escrito estoy dispuesto a creerme cualquier cosa no porque este mundo tenga la consistencia interna de la realidad sino porque en literatura me entrego a todo lo que me conmueva.

Para acabar con los hobbits voy a examinar sus actitudes religiosas. Como en toda la Tierra Media no hay culto organizado y yo me atrevería a decir que son algo descreídos. A veces hacen referencia al Cielo como fuente de bendición. No sé si son panteístas (no sería ilógico por su amor a la Naturaleza). Seguramente el Cielo será Eru y todos contentos. Las actitudes antropológicas ante la muerte no están muy claras en Tolkien. No sé lo que conocen los hobbits del Hado de los hombres pero a ellos menos que a nadie (incluso a los múmenóreanos) les interesa. Son verdaderos hedonistas, viven para el placer y durante muchos años. Morirse es una lata. La sensación que dan los medianos es que no necesitan ni más años de vida ni abandonar el mundo para ser felices. No creo que haya cruzado su cerebro nunca algún chispazo metafísico sobre el sentido de la vida; ellos se limitan a vivir.




Sigamos con gente pequeña: los enanos. Los enanos tenían una primitiva estructura de clan en la que el rey patriarca tenía unas connotaciones cuasi religiosas (recuérdese la muerte del rey de Belegost, de Thrain y sobre todo Durin). Conocemos poco de los Barbados y casi todo es sobre este último clan (Moria y Erebor). El rey debe tener poderes absolutos aunque imaginamos que tendrá en cuenta la costumbre. Probablemente los miembros de la familia real ocupen cargos importantes Tengo la sensación (si realmente funcionan como clan es obvio) que el sentido comunitario es muy fuerte como corresponde a un pueblo que necesita el trabajo colectivo y que debe organizarse para ello jerárquicamente. La minería, la talla y la metalurgia son las actividades fundamentales (sin olvidar la construcción y albañilería y las que les dieran riqueza). Se dice que los enanos son codiciosos y que esa es la cuña para su corrupción. Sin embargo no quieren el oro o mithril por sentirse poderosos y ricos. Ellos aman el secreto del metal amarillo y la plata de luna, el secreto de la perfección que oculta la tierra y cómo el trabajo de sus manos la descubre y la perpetúa. O sea que estos si que se realizan con su trabajo. Que sepamos ni se comen la piedra ni cultivan por lo que deben traficar para conseguir alimentos. No sabemos ni son muy numerosos pero para alimentarlos sería necesario un considerable excedente agrario. ¿Era suficiente con la producción élfica y de Esgaroth? ¿Traían viandas de lejanos parajes? ¿Eran tan buenos las cosechas (sin técnicas industriales) para destinar al mercado tamaña producción? ¿Funcionaba la moneda o el trueque en los intercambios? Dejemos las preguntitas pero quedan claras las dificultades de una sociedad dependiente en los abastecimientos y lo que ésta influye en sus hinterlands más o menos autárquicos que a la larga deberían evolucionar hacia una agricultura de mercado.

La artesanía de los enanos sólo puede ser igualada por los noldor. Amaban profundamente la belleza del trabajo, es decir aquello que les permitía dejar parte de si mismos, en esa belleza. Su arquitectura, como su vida, se volvía hacia el interior pero allí ¡qué salones gigantescos, qué techos grandísimos, qué claroscuros de luces y sombras! Tienen los enanos un profundísimo sentido del espacio interno, casi espiritual. Nadie saben muy bien en que creen aparte de su trabajo. También despertarán cuando llegue la hora pero mientras duermen en un salón de piedra, cerca de Aule.

Probablemente sus jefes se reencarnen como ellos creían de Durin, yo creo que vuelven a la tierra de la que fueron hechos. La lengua y sus nombres secretos son parte de la salmodia de Aule. (Aquí me he dejado llevar, lo siento). En cualquier caso los enanos son muy suyos y todo el mundo desconfía un poco de ellos por lo taciturnos y su amor al oro.




En cuanto a los Elfos, todos los asentamientos élficos de la tercera Edad están al final de su recorrido. Prácticamente no sabemos nada de su estructura social. En apariencia parece un mundo fuertemente jerarquizado con una monarquía que se pretende absoluta aunque tal vez no tenga los resortes de poder para ello. Entre los elfos, los hombres perfectos antes de la Caída, funcionaba la aristocracia perfecta que tanto amaba Tolkien. Los mejores conducían a la comunidad pero también la servían. Los demás obedecían porque era lo mejor para ellos. Es difícil concebir una sociedad más prisionera de un ideal cuando se quiere dar sensación de realidad. El profesor era consciente de ello y trató de rectificar señalando que no todos eran tan santurrones e incluso destaca su afán de preeminencia y de (buen) poder. En su obra aparecen algunos elfos bastante bordes que bien podrían haber conducido algún movimiento de protesta, como Saeros y los inefables hijos de Feanor, de largo los elfos más salados e interesantes. El problema demográfico de los elfos sería de proporciones chinas si no fuera por la castidad. Después de cumplir sus obligaciones les interesaban más las joyas y los árboles. (No es de extrañar que las doncellas elfo tuvieran tantas fantasías con los hombres). No había problemas de producción. Imaginamos que serían expertísimos agricultores por su conocimientos de la Naturaleza, así como feraces ganaderos, artífices prodigiosos, etc. Aparte de los alimentos sintéticos (lembas). Los elfos son la envidia de la civilización, el ombligo del mundo. ¿Cómo no sufrieron más invasiones por mera codicia? Porque les tenían miedo. Con todos los ciscos que han montado no ha habido un pueblo más pagado de si mismo que ellos (ni siquiera romanos o yanquis) pero claro, llegaron a la perfección vital. La melancolía les viene porque ya no tiene nada que crear, nada que aportar y los elfos son sobre todo subcreadores cuya vocación última es la belleza; todo muy neoplatónico, no te fastidia. No seré yo quien desdeñe las aportaciones de la civilización élfica. A veces parecen seres de enorme espiritualidad (su vivencia de la poesía y su forma de mirar el mundo con ella) aunque en general parecen más preocupados de la política o de hacer gemas. ¡Qué hermosas serían las estilizadas torres élficas buscadoras de estrellas y qué deliciosamente armónicos con el paisaje sus palacios subterráneos! Probablemente los Silmarilli serían bellísimos. Sin embargo yo no veo más que la aplicación de una técnica portentosa a una luz sobrenatural. La lengua es hermosa, pero no conozco un solo poema élfico que me derribe por dentro. No dudo que con el laúd y la flauta fueran unos monstruos, pero si hubieran inventado el piano les estaríamos más agradecidos. La verdad es que después de tantos milenios aplicándose con mente inquisitiva a la aventura de la belleza ya podían haber estado más inspirados. Los elfos son una civilización decadente no por cuestiones cosmogónicas y metafísicas, es que no sabían hacerlo mejor.

No es extraño que vivan del pasado recordando viejas batallitas y diciendo que ya no es su momento. Tanta hegemonía para dejar el mundo hecho unos zorros. Aunque sembraron una semilla de poesía que a veces florece. Que les he dado mucha caña. No obstante habría que hacer una distinción. Los elfos silvanos sí parecen vivir de forma libre y autónoma, en armonía con la naturaleza y sin ningún poder sobre sus cabezas. Estos si que merecen la admiración plena y para ellos el mundo no se ha vuelto gris, es nuevo y hermosos en cada instante. Eso sí es subcreación.

Yendo a lo concreto; los reinos élficos de la Primera Edad se ajustan más o menos al modelo general; en algunos parece haber feudos y señoríos dados a los hombres a la manera alto medieval, territorio a cambio de ayuda militar. Nada sabemos de la preeminencia del mayorazgo noldorin sobre los otros reinos y menos de la de Thingol sobre toda Beleriand. Volvemos a hablar de la importancia de los honores en esta sociedades pero en el Silmarillion parece que a los otros reyes les importan un bledo estas cuestiones. En la Tercera Edad ha desaparecido la potencia élfica. No aspiran más que a esconderse, a defenderse. El reino del Bosque Negro se ocupa de sus asuntos, a menos que los de otros les conciernan de cerca (caso de la muerte de Smaug). Son elfos curiosos, les da por el comercio. Más aún les interesa la acumulación de capital (el viejo avaro Thrandruil) ¿O es que se aburren después de tanto milenio?. Son elfos curtidos. No se vive en el margen del Bosque Oscuro sin tener la espada presta. Su ejército es considerable. No parecen tocados por la melancolía.

Los de Lórien son más furtivos y escurridizos. Es un mundo tan encerrado en si mismo que se ha ocultado hasta de la mareas del tiempo. Si hay tristeza en ellos es porque ven que se les acaba el chollo. Se les podría acusar de xenófobos (salvo Haldir que sólo es desconfiado, ya se sabe, los malos tiempos). Galadriel y Celebrorn mandan más que un hijo tonto, pero como son sabios es lo natural. Digo yo que comerán frutos del bosque y lembas. Los artesanos son brillantes artífices y las mujeres le dan al telar. Hasta ahora no hemos dicho que las mujeres también están marginadas en la Tierra Media, aún entre los elfos que ya habían entrado en la sociedad del ocio.

Por último está Imladris, la Ultima Morada. He aquí el paradigma del bienestar, incluso para un hobbit. Esta fortaleza en apariencia frágil es un centro político capital, un verdadero centro de información privilegiada desde el que se maquina buena aparte de la política mundial. Aquí aún se mantiene el recuerdo de los Noldor, es decir, de su propensión al mangoneo internacional. Pero también es el lugar más acogedor de la Tierra Media y eso aparte de por la magia del anillo, será por la actitud de los moradores, tolerantes, epicúreos, soñadores. Quiero creer que la vigilancia de Elrond sólo persigue un mundo mejor en el que todos pudieran tener un Rivendel en el jardín. Pero en esta época los Eldar parecen tener una dimensión féerica, cada vez actúan menos sobre el mundo.




Los hombres, que son "los viajeros", intervienen más en la hechura de los acontecimientos. Son seres extraños. Viven para morir pero su horizonte vital no busca la trascendencia. Su cultura material no ha pasado del subdesarrollo pero sin embargo alcanzan el siglo de vida y les entra la angustia metafísica, propia de sociedades opulentas. Salvo los artesanos del Valle y los comerciantes de Esgaroth las sociedades humanas, aun en su esplendor, están militarizadas, el horizonte superior es el del guerrero y la intensidad vital se consuma en la hazaña heroica. Resulta tentador definir la sociedad humana como feudal. Poco diré de la Primer Edad. Grandes clanes ocupan el territorio, cedido normalmente en régimen de vasallaje por los elfos. El jefe del clan ostenta la autoridad. Al crearse el Reino de Númenor los hombres alcanzan su esplendor. La Tierra del Don era especialmente fértil para la agricultura y la población era escasa. ¿Disfunción genética?. Oesternesse se convierte en una talasocracia imperialista que domina el planeta, que ya no tiene más horizontes que la inmortalidad y por ello es destruida. El rey tenía unas connotaciones cuasi-religiosas que pasarán acrecentadas a Gondor.

Más información tenemos de la Tercera Edad; comenzaremos por los Rohirrim, bárbaros en el limes de Gondor, muy semejantes a los federatii del imperio romano que recibían territorio a cambio de ayuda militar. No es, sin embargo un reino dependiente de Minas Tirith, la alianza ya es sólo una cuestión de honor. La sociedad se articula en torno a una monarquía feudal y sus diversos señoríos (pocos y amplios). Suponemos que las señores tendrán jurisdicción sobre los vasallos. En cuanto a la propiedad de la tierra no está claro. Tolkien parece sugerir que hay mayoría de pequeños propietarios agrícolas y ganaderos, ya se sabe que en le Tierra Media no hay explotación de los débiles más que por el enemigo. Sin embargo no es nada fácil mantener un caballo. Los pastos de Rohan serían realmente ricos. Pero los Rohirrim si son algo, es en la cabalgada del combate: Primitivos, valientes, generosos, salvajes, exultantes del gozo primigenio de la acción. Constituyen el prototipo de la sociedad guerrera y como cualquier bellaco tiene caballo y sólo se valoran los méritos en la arena, se nos aparece como una sociedad muy abierta. Por otra parte esto se contradice con la visión de agricultores y ganaderos plácidos que se resisten a abandonar la tierra en el acantonamiento. ¿Será que sólo les poseen el brío del pasado en momentos de dificultad? La cultura de Rohan resulta más bien primitiva, en general, de tradición oral. Nadie se interesa por el conocimiento ni por la literatura y su arte, salvo Meduseld, no parece gran cosa. Son interesantes sus ritos funerarios, de inhumación en túmulos. Parece haber una especie de culto a las antepasados (según Théoden) pero en apariencia no son muy religiosos.

Gondor es un imperio y un imperio siempre está en guerra y más cuando se es el baluarte contra Mordor. El monarca y en su ausencia el senescal son la cabeza del cuerpo social en un grado sólo comparable a los reyes Enanos. Es una cualidad aún mayor que los monarquías europeas del Antiguo Régimen, llega casi al misticismo: El rey es el paladín del bien en la tierra, el que da vida a los campos, el que cura y trae esperanza. No sólo es la tradición múmenóreana; en la larga historia de Gondor son los reyes los que han librado todas las batallas. Cuando desaparecieron, el reino, aunque sólo fuera espiritualmente, comenzó a menguar, a pesar del buen gobierno de los senescales. El retorno del Rey se convirtió así en una promesa de redención, en una visión gozosa del futuro que alimentaba el mesianismo.

Puesto que es una sociedad milenaria y tradicionalista supondremos que está fuertemente jerarquizada por los linajes, que poseerán grandes propiedades. La guerra contina tiene premios para el mérito pero temo que la conduzcan las grandes familias. La sangre de Númenor, la casta, constituye un factor social de primer orden. Pero ¿es Gondor un mundo feudal?, más aún ¿no es una sociedad urbana? Ciertamente la mayor parte de la población vive en las grandes ciudades y son libres jurídicamente. Existe una ley general para todo el país. Aunque se habla de los feudos del sur es posible que sólo sea en términos de vasallaje de los señores hacia el rey y que aquellos sólo sean intermediarios de los súbditos. Por otra parte, aunque el grueso de la población se dedicara a la agricultura (como corresponde a una economía subdesarrollada) es evidente que un porcentaje alto lo hacía al comercio, la industria y administración. Minas Tirith nos recuerda a ciertas ciudades como Roma o Constantinopla, con notoria relevancia de los gremios y amplia división del trabajo.

La sociedad gondoriana es casi tan estable como la élfica; nunca pasa nada, el esplendor ya ha pasado, todo va a peor. En sus miles de años de historia sólo hubo una lucha intestina, "la Guerra entre Parientes". Ni una revuelta social, ni religiosa, nada. Todos pensaban lo mismo, eran estoicos, nunca había hambrunas, ni enfermedades endémicas (salvo de Mordor), la medicina era prodigiosa. Ni siquiera el imperio egipcio fue tan estable aunque Tolkien lo identificó muy acertadamente con Egipto. La profundidad del tiempo literario se cargó al real. Toda la historia de Gondor que el profesor cree haber suministrado no pasa de croniquilla. O se nos ocultan cosas o no se la creen ni los telediarios.

El imperio se mantuvo unido mientras hubo carreteras y palantíri. Después Minas Tirith mandaba donde podía y los feudos del sur parecen tener una notable autonomía, con lo que parece que en tiempos de Denethor la política no estaba muy articulada (obsérvese que no envían todas las tropas de ayuda, sólo un contingente),aunque salvo en Mordor, no había reino con más resortes de poder.

En la mentalidad múmenóreana está siempre presente la idea de la decadencia que en teoría no estimula demasiado las innovaciones ni las visiones positivas del mundo. Sólo el retorno del Rey y la sangre joven de los Hombres del Medio proporcionan aire fresco. Los gondorrinhim son los hombres más parecidos a los elfos, tanto en sabiduría y fuerza, como en la melancolía del esplendor pasado y porque el tiempo junta polvo lentamente. El rey Elessar parece traer un nuevo horizonte, la era de los hombres, que volcarán en sus obras la intensidad que da la mortalidad.

Su civilización es refinada, docta, brillante. Impresionantes arquitectos (nada nos parece más sólido que Orthanc, Cuernavilla o Minas Tirith) prodigiosos escultores (los Argonath son expresionistas), buscan también el conocimiento y lo almacenan en bibliotecas. Sus técnicas medicinales llegaron a ser proverbiales. A pesar de que la gloria militar prima sobre otros ideales de vida vemos que hasta los guerreros son sofisticados, sabios, sensibles como si supieran que hay cosas mejores que hacer en la vida que liquidar orcos.

Por último hablaré de la religión, un tema polémico en la STE. El empeño en encontrar una lectura cristiana del Señor de los Anillos (que no es solo licita, sino muy sugerente) ha llevado a veces a algunos comentaristas a sacar las cosas del tiesto o a no atenerse al texto. Pablo Ginés y el profesor Odero han hecho ya brillantes reflexiones sobre la religión en Gondor tal como la entendía Tolkien, según algunas cartas y algunos indicios del texto: Veneración de objetos santos o mágicos, creencia en los Valar y en Eru pero ausencia de culto organizado por el recuerdo de la religión negra de Sauron en Númenor. La lucha contra el mal encarnado vendría a ser la mejor forma de amor a Dios (¿no sería más bien una cuestión de mera supervivencia?). En fin, esto no se ve en ningún sitio del libro. Gandalf nombra a los Valar, Arwen habla del Uno y hay una ceremonia de acción de gracias, si, pero uno de los aspectos más notables del Señor de los Anillos es que la religión brilla por su ausencia. Resulta, ante todo un libro humanista, en el que los personajes deben hacer frente a sus terribles problemas sin esperar ayudas divinas o consuelos trascendentes.(salvo Elessar, que espera encontrar algo más que palabras; Eru le oiga). La única vida es la de la tierra, nadie espera recompensas en otra vida. Los fundamentos básicos antropológicos de la religión son re-ligarse con la divinidad y la comunidad, y sobre todo, el afán de permanecer. Los de Gondor que tanto ansían la inmortalidad se aferran a la vida, se embalsaman, se entierran en tumbas grandiosas. No parecen creer mucho en la inmortalidad que prometen los Valar. No es muy creíble una sociedad en la que no hay un clero organizado, más cuando tanto se ansía la permanencia, por mucha desconfianza que se tenga. Para la gente común y no instruida (no todos serían sabios en Gondor ¿no?) la religiosidad resulta algo más inmediato y concreto, alimentándose sobre todo de las manifestaciones externas, y no esa forma tan abstracta e intelectualizada que pretende Tolkien. Muy opulentos, muy sabios y muy estoicos serían los Gondorrinhim para que la religión fuera tan poco importante en sus vidas y más cuando el mal se acercaba inexorable.




Para concluir hablaremos del Enemigo. En Mordor existe una teocracia con amplios resortes de poder. Sauron es el lazo que une todo el reino, tanto a nivel material como a nivel social, pues su poder se encarna en la tierra y en sus servidores. Por si fuera poco el Negro Señor es un genio de la política. El país está centralizado férrea y eficazmente con una gran organización burocrática jerarquizada. Se utiliza abundante mano de obra esclava al servicio de una economía casi industrializada. Sobre todo, la agricultura, donde se aplican técnicas racionales y científicas. También se hacen experimentos de ingeniería genética. Además ya por miedo, ya por talento político, consigue alianzas con otras potencias, codiciosas de Gondor, para abastecerse. Todos los recursos de Mordor se encauzan hacia la guerra; por ello su aparato militar es gigantesco. De los orcos es muy difícil hablar. Ni siquiera sabemos si son una aberración de los elfos como a veces se sugiere. Hablar de una raza inteligente como absolutamente malvada viene a ser una estupidez. Nos consolaremos con la perversión genética y la malévola influencia de Sauron. Son más bestias carroñeras que individuos, más manadas que comunidades sociales. Parece haber un cierto sentido del clan con la fuerza como única ley y con fuerte sentido de la obediencia, pero la furia salvaje puede estallar en cualquier momento por un quítame allá esas pajas. Entre otros clanes y razas las diferencias pueden ser de aúpa. Los orcos odian a todo el mundo y es ese odio lo que les une para cualquier empresa, eso y el vínculo con Sauron, su dios, su alimento, su razón de ser. Qué interesantes y que poco sabemos de ellos. En sus conversaciones percibimos a veces un deseo de libertad de su dios oscuro, para poder seguir sus bestiales instintos: saquear, arrasar, matar. Son más esclavos de sí mismos que de Sauron. Su civilización es oscura y grosera: lenguaje inmundo, afán destructor, nula imaginación pero ejecutores hábiles (la torturada arquitectura de Mordor procede obviamente de la imaginación del Ojo). No tienen sentido del individuo ni del tiempo: sólo hay ahora, ni pasado ni futuro, un presente negro y rabioso que se consuma en la acción.




Así concluyo. No sé si habré arrojado algo de luz sobre la Tierra Media y desde luego no ha sido mi propósito destruirla. Pero la suspensión de la incredulidad se hace sobre todo por cuestiones literarias, por el estilo, por el contenido, por los personajes y no por descripciones físicas que tienden a la metafísica

Santiago Redondo - Bilbo

Publicado en el Estel 21, primavera de 2000



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