Tolkien hasta en la sopa

No hay duda que si en nuestra cultura hay grandes figuras y rasgos compartidos masivamente, Tolkien no es uno de ellos. Tolkien no es, por ejemplo, Kafka, en el sentido de que todo arte claustrofóbico, oscuramente gris, psicológicamente enfermizo, se compara automáticamente a este genial autor. La inmensa mayoría de gente con un cierto nivel cultural sabe algo de Kafka. O de García Márquez. O de Borges. O de Bioy Casares, por no salirnos de la periferia de lo fantástico. Son autores a los que se les reconoce como puntales de nuestra órbita cultural occidental y la prueba está en que un critico de literatura, al describir en un periódico de gran tirada tal o cual novedad puede recurrir a ellos para establecer comparaciones. ¿Y cuántas veces se recurre a Tolkien? En el mundillo del fandom muy a menudo, claro. Pero en la "alta cultura" muy poco.

Por eso me asombré al encontrarme con un articulo en el Babelia de El País que comparaba a la autora chinoamericana Amy Tan con Tolkien. La creadora de El Club de la Buena Estrella acaba de publicar un nuevo libro donde la protagonista de origen asiático pero residente en EEUU, tiene de vez en cuando visiones de un espíritu popular chino. La novela, según el articulista Iván Tubau (gran figura del periodismo catalán), parece hecha por dos autores distintos: un costumbrista excelente, una especie de Mesonero Romanos a lo chino, y un García Márquez o Tolkien, que no está a la altura. Es decir, que los fragmentos oníricos no son el fuerte de Amy Tan, que sin embargo es una buena escritora de ambientes y costumbres. El hecho de que Tubau acuda a Tolkien para hablar de una autora tan distinta, ¿no es una muestra de que poco a poco se va convirtiendo en un autor "conocido"?

Un par de meses antes me encontré en El Mundo una critica pequeña sobre una representación de La Cabeza del Dragón, obra de teatro de Valle-Inclán de su época modernista. El periodista describía el argumento como "una fantasía tolkiniana." ¡Atención! No estamos hablando de especialistas en literatura fantástica: hablamos de periodistas comentando "alta literatura".

Y Ramón Trecet, en su programa musical Diálogos 3 (cada día, a las tres de la tarde, en Radio 3 de RNE: totalmente recomendable), nos sorprende cada tres o cuatro meses citando a Phillip K. Dick, Bradbury y, por supuesto, a Tolkien. No hace mucho, comentando la ópera celta Los Hijos de Lyr, de tema mitológico irlandés y emparentada con otras grandes obras para gaita y orquesta que los irlandeses nos ofrecen en los últimos años. Trecet describía la escena a medida que sonaba la música: "imaginad a los Tuatha de Danaan, los dioses de Irlanda, altos y majestuosos como los Elfos que Tolkien nos presentaba en El Señor de los Anillos, avanzando hacia el trono del dios Lyr." Y un mes después, hablando de un tema del también celta Phil Cunningham, comentaba: "y esta canción se le ocurrió escuchando una melodía tradicional en una taberna, como la de El Señor de los Anillos de JRR Tolkien."

Vemos pues que para algunos periodistas, Tolkien es un referente cultural eficaz, útil para describir: la gente, creen, ya ha leído a Tolkien. Por lo tanto, puedes usar ese conocimiento para hablarles de Amy Tan, Valle-Inclán, Phil Cunningham o los Tuatha de Danaan.

Pero aún más importante me parece que es admitir un hecho: la fantasía épica en general y Tolkien, como "marca" se han hecho un lugar en la mente de los adultos que se empeñan en analizar a la juventud. Cuando hace unas semanas El País publicaba los "100 elementos clave para entender a los jóvenes", había dos, el rol y los juegos de cartas, que se explicaban con las palabras El Señor de los Anillos. Los jóvenes ya no son sólo discotecas, drogas, paro, sexo, rock y, de vez en cuando, voluntarios en ONGs: ahora también son "rol", y rol, hoy, es "Tolkien".

La prueba definitiva es el salto a la televisión. Creo que la mayoría de los lectores habrán visto el anuncio contra la drogadicción que aspira a lograr que mejore la comunicación entre padres e hijos. El padre y el hijo aparecen hablando a un mismo tiempo, cada uno con su tema, sin escucharse el uno al otro. ¿Y cuál es el tema del chaval? Pues la liga de fútbol y, textualmente, "...junto al Bestiario de Tolkien que es un buen complemento para la trilogía." ¿Qué pasa en este anuncio visto por millones de telespectadores? Los creativos del anuncio tenían un problema: había que expresar el abismo entre ambas generaciones con algo que fuera propio de los jóvenes y totalmente ajeno a los mayores. Y a algún publicitario, quizá por experiencia propia, no se le ocurrió nada más ajeno que "las cosas raras esas del Tolkien", que separan a la familia y conducen a la drogadicción, si quisiéramos hacer una lectura ofendida del anuncio. El muchacho podría haber hablado de la música del momento, de su novia, del instituto, de motos... pero habla de Tolkien.

¿Cuántos ejemplos más podemos encontrar? Seguro que el lector puede ir hallando, aquí y allí, otras manifestaciones similares. Sería buena idea mandarlas al Estel, para ser comentadas en próximas ediciones de Tolkien hasta en la Sopa: artículos, menciones en la radio, conferenciantes, libros y revistas, etc... son radiografías de nuestra sociedad.

Poco a poco, Tolkien se irá convirtiendo en un referente cultural. La STE ha trabajado para que eso sea así en algunos ámbitos (el fandom, el rol...) pero está claro que la prensa, por un lado, y los entusiastas espontáneos por otro son los que día a día irán convirtiendo lo tolkiniano en un elemento más de la cultura popular y también de la "alta cultura". ¿Quién sabe? Según El Diario Vasco, Éowyn tiene posibilidades de entrar en el Gobierno Vasco.

Eowyn

Pablo Ginés Rodríguez - Azaghâl

Publicado en el Estel 13, abril de 1996




Sopa siguiente --»


Volver a la Biblioteca Volver al inicio
Volver al inicio
Escríbenos