Hace mucho, mucho tiempo, Helm Manomartillo recogió pergaminos con recetas cocineras y las mandó a cierto cronista Enano con la intención de limar asperezas con tan noble raza por el asunto aquel del tesoro de Scatha el Dragón y todo eso. El asunto es que después de matar muchos dunlendinos el belicoso rey de Rohan (y amante de la buena sopa) va a ver publicados sus descubrimientos. Veamos lo que nos cuenta Miguel Navarro desde Valencia.
"Hay un grupo de heavy metal llamado Manowar cuyas letras se basan sobre todo en la mitología griega y nórdica y en temas medievales. Hay referencias en sus canciones a aspectos que podrían tener que ver con Tolkien (The Demon's Whip podría tener relación con el Balrog; The Crown and the Ring hacer referencias a la espada rota). Pero lo realmente curioso es que la empresa que lleva a sus equipos de sonido se llama Bag End Light Sound. La pregunta es ¿cómo consiguen la electricidad? ¿Mediante las patatas de Hamfast Gamyi? ¿Hay una central nuclear bajo la bodega de los Bolsón?
También hay un uruk-hai llamado Ugluk que dice ser mi hermano. Me ha comentado que existe un grupo de black metal (o algo así) llamado Burzum, y dice si no se referirá a 'ash nazg thrakatuluk agh burzum-ishi krimpatul', pero a mí me parece un poco exagerado."
Otra cosa que ha descubierto Helm es un personaje en el videojuego de mamporros "Street Fighter II" llamado Balrog: "es enorme, pega unos guantazos que dejan tambaleándose a sus enemigos y no es precisamente guapo". La descripción es bastante aproximada a lo que uno podría esperar de un Balrog.
El Azote de los Dunlendinos aporta además pruebas documentales sacadas de la prensa. En El Pequeño País del domingo 9 de marzo se dedica una página a hablar de los enanos. Obviamente es un texto lleno de tonterías para niños, absolutamente absurdo, capaz de decir necedades como que "los enanos tienen un cuerpo contrahecho y su cabeza es desproporcionadamente grande". ¡Ja! Seguro que el que lo escribe es un larguirucho que oscila con el viento. En cualquier caso, hay cosas tan evidentes que no pueden falsearse y el autor reconoce que los enanos "son trabajadores tenaces e incansables, son excelentes herreros y viven dedicados a extraer y tallar metales, como sus compañeros de las minas de la Tierra Media reflejados por Tolkien en su famosa obra El Señor de los Anillos". Esto es correcto. Luego dice que los enanos fabricaron el Anillo de Odín (es cierto) y la Excalíbur de Arturo (no me importa decir que es cierto también, pero de todo el corpus artúrico que conozco sólo puedo citar El dragón y el Unicornio de A. A. Attanasio como prueba de esta teoría).
Otro texto interesante se publicó en marzo en El Semanal, el suplemento dominical de Las Provincias. Recogen la noticia de que El Señor de los Anillos resultó votado libro del siglo en Gran Bretaña, lo califican de "libro de culto", y en la breve nota afirman "la reacción de los críticos no se ha hecho esperar y alegan que los encuestados no dicen la verdad. Parece que siguen sin entender que pocas veces crítica y público avanzan por el mismo camino".
Veamos otros ingredientes más o menos indigestos que podemos echar a la sopa. En un suplemento Babelia de hace unos meses, encontré la reseña de una obra de Alianza, la reedición de La muerte del Rey Arturo por 3.000 pesetas, con el habitual estudio de Caños Alvar, etcétera... El crítico que la describe (con bastante acierto, a mi entender) comete sin embargo esta salida de tono: "Desde los días de Walter Scott y Tennyson a las recreaciones de Steimbeck y los pastiches de J. R. Tolkien, sin olvidar las doncellas lánguidas y los héroes tristes de Rommer o el Camelot de J. Logan la ficción medieval ha pasado por momentos de especial auge." ¡¿Pastiches?! ¡Pastiche es dejarse una de las iniciales de Tolkien! Este periodista firma como G. V., pero en venganza le podríamos llamar simplemente "G", de g... lo que queráis.
Para dar un sabor exótico a la sopa, también esta vez le echaremos especias del extranjero. Las rusas son dulces y con regustos imprevistos. En este caso se trata de un texto publicado en El País Semanal del 31 de agosto. Hay allí un extenso reportaje sobre Moscú, una ciudad que ha limpiado y remodelado su centro urbano de cara a no sé qué aniversario de su fundación.
"El jardín Neskuchni -dice el reportaje- es uno de esos lugares donde Moscú reencuentra sus cualidades mágicas. El lugar, entre el río Moscova y la avenida de Lenin, tiene una glorieta donde se juega al ajedrez y una biblioteca. Por la mañana, los jubilados leen periódicos y revistas entre los árboles del río. Los jueves por la tarde, junto a la biblioteca, se reúnen los tolkienistas. Vienen por centenares y son los admiradores de Tolkien y la literatura fantástica. Van vestidos de negro, con camisas y pantalones apretados ellos, con capas y joyas medievales ellas. Algunos llevan capuchones frailunos y muchos practican esgrima y se baten en batallas campales con espadas y puñales de madera. Los tolkienistas intercambian libros y se inventan guiones que ellos mismos protagonizan. Con títulos tan sugestivos como La Rusia pagana abandonan Moscú y conquistan otras ciudades para volver después al jardín Neskuchni".
Luego el articulo comenta cómo el parque está amenazado por la construcción de unos bloques para los nuevos ricos, y continúa con el tema del reportaje, la evolución de la ciudad. Pero no deja de ser esperanzador que la afluencia de tolkienistas se considere parte de esas "cualidades mágicas" de Moscú que perviven aún en Neskuchni. Uno se pregunta cuáles son las fronteras entre lo cultural y lo social, y cómo el simple estar allí implica una acción que modifica la sociedad, el paisaje urbano, el ambiente. ¿Tiene sentido la cultura si no implica una expresión social? Vemos que para "nuestros hermanos" rusos ambas cosas van ligadas, como para los británicos, que no consideran su Sociedad Tolkien como entidad cultural sino como "charity", es decir, entidad sin ánimo de lucro donde lo social y lo cultural son indisociables.
Pero no nos dejemos embelesar por las letras de esta sopa. Hay una guinda curiosa: este verano un par de tolkienistas que paseaban por Benidorm se encontraron un bareto muy pequeño incrustado dentro de una pared. El lugar se llamaba "A hole in the wall" y estaba decorado con dibujos de enanitos y duendecillos en la pared, todo muy hobbítico. "In a hole in the wall there lived a...".
Y por último vamos a abordar un racimo de uvas que cayó en mis manos. Se trata del catálogo publicitario que la colección El Silmaril de ediciones Apóstrofe manda a la prensa. El escritor estrella de esta colección es un barcelonés que usa el seudónimo Bel Atreides (a lo mejor es de la familia del Duque Leto y Paul Muad'Dib). Lleva publicadas tres novelas de fantasía y demuestra ser un fan de Tolkien. En una entrevista promocional describe la épica defendiéndola de las dos acusaciones que siempre se le hacen: que es ingenua y que tiende al fascismo (lo más curioso es que esta sospecha la tienen incluso los amantes de lo épico, que a veces nos miramos unos a otros con suspicacias bastante tontas). Atreides dice que sus modelos son Tolkien, Attanasio y T. H. White, además de calificar el Mahabharata de Lidchi-Grassi de extraordinario. Esta Lidchi-Grassi es otra de las autoras de la colección, que está adaptando la monumental epopeya india a la sensibilidad moderna.
Por cierto, que A. A. Attanasio presenta en esta colección el ya mencionado El Dragón y el Unicornio, que recomiendo a todo el mundo: una obra audaz e inteligente que ofrece una versión del mundo inmediatamente anterior al nacimiento de Arturo a medio camino entre los cómics de Thor de Walter Simonson y La Espada Rota de Poul Anderson. El protagonista es un demonio llamado Lailóken (palabra puramente Quenya que significa "dragón que canta"). Se encarna por error o destino dentro de una santa ermitaña y nace como un anciano humano. Ahora que comprende lo que es ser humano intenta usar sus disminuidos poderes demónicos al servicio del bien y los britano-romanos le llamarán... Merlinus. Attanasio dice que es una meditación sobre el libro bíblico de Job, sobre cómo del Mal puede salir Bien.
Pero lo más específicamente tolkiniano es el anuncio de publicación de un libro titulado Manual de la Tierra Media. Según el folleto, "el mundo de Tolkien se halla aquí condensado de forma enciclopédica". El autor, Wolfgang Krege, es un alemán que leyó en los setenta la primera versión germánica de El Señor de los Anillos, cuando era estudiaste de Filosofía. Luego se convertiría en traductor de las Cartas y de otras obras. Hace algunas reflexiones interesantes sobre la obra de Tolkien. Por ejemplo:
"Creo que Tolkien esconde algunas reflexiones tras la palabra Sabio. Posiblemente se trate en realidad de la gente pequeña que se arriesga a echar una mirada fugaz a los milagros y honores del mundo pero que luego se vuelve a conformar con cultivar su huerto, como Hamfast, el padre de Sam, o como el granjero Coto. Gandalf también pertenece a esta especie, porque sigue pensando en la comida y la bebida a pesar de todas sus preocupaciones".
Y dice acerca de Celeborn: "su inteligencia está muy poco por encima de la media. Si él es un Sabio, yo también lo soy". Krege afirma que si le ofrecieran un anillo de la Tierra Media, "es posible que me quedara con algunos de los maravillosos anillos de humo de la pipa de Gandalf".
Y así, ente anillos de humo y rodajas de cebolla (habría que ver qué produce más lagrimeo) nos despedimos hasta el siguiente potaje, deseándoos a todos un buen provecho y una feliz digestión. A ver si me mandáis algunos fideos y macarrones para la próxima sopa.
Pablo J. Ginés Rodríguez - Azaghâl
Publicado en el Estel 19, octubre de 1997
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