...estaban rodeados de buenos jarros de cerveza cuando el señor Mantecona y Nob aparecieron de nuevo. En un abrir y cerrar de ojos tendieron la mesa. Había sopa caliente, carne fría, una tarta de moras, pan fresco, mantequilla y medio queso bien estacionado: una comida sencilla, tan buena como cualquiera de la Comarca y bastante familiar...
Y digo yo, ¿de qué era la sopa que se tomaron los hobbits en el Poney Pisador, esa que a Sam le quitó los últimos recelos sobre Bree? ¿Con qué estaba hecha? ¿Sería de cebolla, de ajo, de arroz o de verduras? De pescado tal vez, ¿o era de carne? El caso es que fuese de lo que fuese, seguro que no tenía ingredientes tan curiosos como los de esta sopa que poco a poco hacemos entre todos. Pasen, pasen y vean...
La primera colaboración la realizan Uinen, Señora de los Mares y Dernhelm, Daño de Dwimmerlaik, recientes adquisiciones del smial de Lórien. Según cuentan, andaban buscando un regalo para una amiga, y encontraron una especie de papelería (aunque aún no saben qué era exactamente la tienda en la que entraron) en el barrio gótico de Barcelona, en la que vendían plumillas y accesorios para entintar. Grande (y grata) fue su sorpresa al comprobar que la plumilla que le compraron a su amiga se había elaborado en un taller llamado Rohan que, para colmo, está en Madrid. Además la decoración de la funda de la plumilla era un mapa, pero lamentablemente no era de la Tierra Media.
Adanost, Dúnadan incansable, comenta que durante una jornada de rebuscar en el FNAC le llamó la atención la portada de un libro con un dragón y un hobbit. Tenía que ser un hobbit: pelo rizado, bajito, regordete y con pantalones cortos. Como bien dice, "son demasiados años vigilando las fronteras de la Comarca para equivocarse con eso". El libro en cuestión era El último dragón de Byron Preiss y Michael Reaver, publicado por Timun Mas. Y aunque en realidad no fuese un hobbit, la escena recordaba mucho a Bilbo charlando con Smaug en Erebor. En otro de sus viajes, esta vez de vacaciones en Eriador, encontró en Burgos dos bares de curioso nombre. El primero era el Hobbiton Café, un bar decorado todo con ilustraciones de Tolkien, perfecto para tomar unos picheles de cerveza con los parroquianos. El segundo era el Café Gandalf, en este caso "ilustrado por John Howe", un sitio bastante tranquilo, ideal para largas tertulias.
Desde luego el nombre de Gandalf está mucho mejor tomado para un café que para el ordenador que registraba todas las tomas y coordinaba lo que pasaba en la casa del programa de Gran Hermano, como descubrió Josu Gómez en el libro El Gran Hermano, el precio de la dignidad. Sin comentarios.
Lo que sí que es para comentar y discutir es la siguiente pregunta que apareció el otro día en el Trivial mientras jugaba con unos amigos. Atención: ¿de qué color iba vestido el mago Gandalf en El Señor de los Anillos? La respuesta que daba era blanco. No sé qué edición era, pero la discusión que se montó sobre si era Gris o Blanco fue antológica, os lo aseguro. Por cierto, si alguien descubre más preguntas relacionadas con Tolkien en el Trivial, recibirá un bonito Mathom, cortesía del smial de Imladris.
Para acabar de liarla con Gandalf, varias personas me han comentado un capítulo de la serie de la televisión Friends, en el que hay una conversación tal que así:
Están dos de los protagonistas en casa, y de repente llega otro amigo todo emocionado y les pregunta si están listos para ir de marcha, a lo que uno de ellos contesta sin muchas ganas que sí. Y el que acaba de llegar dice "No, no me has oído bien. Estás listo... ¡¡para ir de MARCHA!!" Al otro se le encienden los ojos y pone cara de entusiasmo "Noooo... ¡¿Gandalf?! ¿Gandalf viene a la ciudad?"
Se emocionan muchísimo, y el otro amigo les pregunta que a qué viene tanto escándalo. Le cuentan que es un antiguo compañero del instituto, al que llaman Mike Gandalf Ganderson, el tío más divertido del mundo, capaz de convertir una aburrida fiesta de cumpleaños en una excursión a la Patagonia, o una aburrida tarde de cartas en una fiesta por las nubes. Le llaman "Gandalf el Mago" porque con él todo terminaba en aventura. La última vez acabaron embarcados en un pesquero camino de no se sabe donde. Es algo así como el mago de la magia.
Y entonces el que no le conocía pregunta muy extrañado que por qué le llaman así, a lo que responden "Gandalf el mago. ¡¡¿Es que no leíste El Señor de los Anillos en el instituto?!!" Y la conversación termina con "No. Yo me dedicaba al sexo". Antológica.
¿Os suena el grupo Mago de Oz? Resulta que Larduin Laurelilanthanas, elfo errante de profesión, descubrió un poco de sal de importación como él mismo lo denomina, que consiste en que en uno de los discos de la banda madrileña, titulado La Leyenda de La Mancha, aparece una ilustración de Alonso Quijano. Entre un centenar de curiosidades, tiene sobre su mesa de lectura El Señor de los Anillos. Ah, y Larduin recomienda con creces los discos de Mago de Oz. Así que ya sabéis, a escuchar los discos de Mago de Oz.
Aquí viene un ingrediente de lo más jugoso, que trae Radagast desde el Smial de Númenor. Se encontraba tranquilamente jugando a una aventura gráfica llamada The Longest Journey que mezcla la ciencia-ficción con la fantasía, cuando la protagonista, April Ryan, entra en el interior de un extraño árbol-casa donde había una estantería con libros. Al observar uno de los libros de la estantería el personaje dice literalmente: "El Señor de los Anillos, ¿en arcadio? Pues sí que es cierto eso de que los clásicos no tienen fronteras." Si es que está claro que las obras del Profesor se han convertido en un referente inevitable en cualquier producto cultural occidental que tenga algo que ver con la fantasía medieval. Al menos ahora, y por muchos años más, será así.
Pero no sólo El Señor de los Anillos se ha convertido en un clásico. El Hobbit contraataca, tal y como cuenta Elena Alvarez, que en el libro de Stephen King La Torre Oscura III encontró el siguiente párrafo:
"Eran libros infantiles. En la mesa no había mucho sitio, de modo que sólo eran una docena, más o menos: Alicia en el País de las Maravillas, El Hobbit, Tom Sawyer, cosas así."
En opinión de Elena, King quiere decir con las palabras "cosas así" "clásicos infantiles". Lo cual demuestra que al menos Stephen King considera a El Hobbit como un clásico infantil. Y el resto que lo diga Elena con sus propias palabras, con las que estoy totalmente de acuerdo: "Me ha asombrado y me ha alegrado mucho esta mención en un libro de un autor que es muy leído en todo el mundo. Ojalá algún día El Hobbit sea considerado un clásico infantil indispensable como lo son Alicia en el País de las Maravillas y Tom Sawyer. Por eso el texto de King me ha hecho soñar."
Y hablando de hobbits, ¿quién dice que Frodo no era un hobbit con carisma y aspiraciones políticas, que quería gobernar la Comarca y se ganaba el aprecio de las gentes? Desde luego Baya de Oro no parece estar muy de acuerdo, porque comenta que un día que estaba viendo un bonito documental sobre chimpancés en la tele, había uno grande y fuerte que quería ser el líder del grupo. Intentaba conseguir apoyos siendo simpático con las crías, y resultaba muy majo y caía bien. Hasta que de repente cazó y se comió a un lindo monito chiquitín (amargándole el café a la pobre Baya de Oro). Y el muy canalla se llamaba Frodo. Como para dejarle que se acerque a los sobrinos...
Claro, que con estas referencias no es de extrañar que ser un hobbit sea algo muy duro en esta vida. Ved vosotros mismos lo que nos cuenta la hermosa Arien Ran-nar, Dama de Minas Tirith, que mientras hacía zapping vio en un canal una escena de la película El inolvidable Simon Birch cuyo protagonista, una persona enana de nacimiento, se encuentra jugando un partido de béisbol, y los demás chicos se metían con él. Y le llamaban, entre otras lindeces, ni más ni menos que "Hobbit". Increíble. Como le decía Yoda a Luke "me juzgas por mi tamaño, ¿verdad? Pues no deberías hacerlo".
Cerrando ya el capítulo de ingredientes hobbíticos, Tharkas el Numenoreano nos cuenta que los Reyes Magos le trajeron un curioso y divertido libro: El Diccionario Coll del siglo XXI... de José Luis Coll, por supuesto, en que aparece el siguiente personaje:
JUAN ANTONIO SAMARANCH. Presidente durante veinte años del COI, acusado de corrupción en un libro titulado El Señor de los Anillos, aunque lo más lógico es pensar que hay probabilidades de que todo sean falsos rumores.
Tiene gracia, ¿verdad? Y ahora que hablamos de El Señor de los Anillos, recuerdo que en la época en que no me perdía ni un partido de baloncesto de la NBA descubrí que Bill Russel, jugador de los Boston Celtics en la década de los 60, es conocido oficialmente en el mundillo de la NBA como el Señor de los Anillos, por el ser el jugador que más títulos tiene. En la NBA cuando un equipo gana, además del trofeo, reciben un bonito anillo para cada uno. Y el tipo este tiene nada menos que 11 anillos. Unos cuantos más que Sauron, je, je, je... Por cierto, ¿Samaranch cuantos tendrá? ¿Cinco, uno de cada color?
Y hasta aquí hemos llegado por hoy. Digo yo que incluso Sam se quedaría satisfecho con una sopa como esta. Cargadita, pero muy apetitosa. Muchas gracias a todos los que han mandado su ingrediente, y por si no lo sabéis, cualquier cosa nueva, enviadla a balindeimladris@yahoo.es
Publicado en el Estel 32, primavera de 2001
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