Uvanimorion: de las Arañas


El significado del vocablo élfico úvanimor es: "monstruo o criatura horrenda", en oposición a vanessë "belleza" y vánima "limpia, correcta, armoniosa, clara".

Los Eldar lo empleaban para designar a las crueles y malignas bestias criadas por Morgoth. Así pues el Úvanimorion es el compendio de tales criaturas; en definitiva, un Bestiario de Arda, con el que pretendemos acercarnos a algunos de aquellos terribles seres, cuyo obscuro semblante tanto ha contribuido a arrancarnos un escalofrío de temor o a hipnotizarnos con su terrible majestad. Sirvan pues estas páginas para recrear aquellas bestias tan terroríficas como imprescindibles, cuya presencia nos permitió compartir la emoción e inquietud que experimentaron los héroes de aquellos días lejanos...


Tras una traumática experiencia sufrida durante su infancia, Tolkien desarrolló una profunda aversión hacia estas desagradables aunque fascinantes criaturas. Ello les valió ser incluidas con un puesto de honor entre la animosa ralea surgida en la oscuridad de la Creación... Y eso es precisamente lo que las monstruosas arañas de Tolkien representan. Encarnación de las fuerzas primordiales de las tinieblas, avatar de la noche eterna y profunda existente más allá de Arda, en el Vacío que la Llama Imperecedera de Ilúvatar no ha alcanzado a iluminar. La araña simboliza un mal primitivo e irracional, tendiendo sus redes tejidas con la substancia misma de la oscuridad asfixiante y aterradora. Oculta entre las sombras y dispuesta a envenenar nuestros sueños y devorarnos, consumida por una insaciable voracidad.

Ungoliant

La primera y más terrible abominación arácnida fue Ungoliant. Ella, oscura, grande y terrible, descendió desde el Vacío insondable animada por la codicia que la imagen del maravilloso reino de Arda había despertado en ella, Mas era ésta una codicia diferente a la del propio Melkor, pues a diferencia de él, que deseaba convertirse en Amo y Señor sobre todas las cosas, ella no buscaba sino alimentar su propio vacío devorando todo a cuanto había dado ser Ilúvatar.

"Allí donde las sombras eran más profundas y espesas que en ninguna otra parte de Arda, allí, en la desolación de Avathar, secreta y desconocida, Ungoliant había construido su morada... Los Eldar no sabían de dónde venía ella, pero han dicho algunos que hace ya muchas edades descendió desde la oscuridad que está más allá de Arda... y que en principio ella fue una de aquellos que Melkor corrompió para que le sirvieran. Pero ella había renegado de su Amo, en el deseo de convertirse en dueña de su propia codicia".

Alertados los Valar y los cazadores de Oromë de su presencia, la atacan, pero ella huye hasta el sur, donde había sido descuidada la vigilancia... "Desde allí se había arrastrado hacia la luz del Reino Bendecido, porque tenía hambre de luz y a la vez la odiaba".

"Vivía en una hondonada y había tomado la forma de una araña monstruosa, tejiendo sus negras telas en una hendidura de las montañas. Allí absorbía toda la luz y la devolvía como una red oscura de asfixiante lobreguez, hasta que ya no le quedaba ninguna luz; y estaba hambrienta"

Pero Melkor, ambicionando los Silmarilli de Fëanor, acudirá en busca de Ungoliant para que le ayude en sus planes. El orgullo del Señor Oscuro le hará realizar una promesa irreflexiva a Ungoliant, que luego lamentará. No obstante, su venganza contra los Valar y los Noldor se verá consumada gracias a las facultades de su terrible aliada: "Una capa de oscuridad tejió Ungoliant... una no-luz en la que las cosas ya no parecían ser y que los ojos no podían penetrar, porque estaba vacía". La imagen es tan sugerente que parece capaz de evocar realmente esa negrura a nuestro alrededor... Protegidos por la oscuridad, ambos logran eludir la vigilancia de los Valar, sumiendo a todos los habitantes de Valinor en la confusión y el desánimo cuando la luz de los Árboles es consumida por el veneno y el hambre atroz de la gran araña:

"Ungoliant absorbía la savia y yendo de Árbol en Árbol aplicaba su negro pico a las heridas, hasta que quedaron desecadas; y el veneno penetró en los tejidos y los marchitó: raíz, ramas y hojas; y murieron. Y ella aún tenía sed, y yendo a las Fuentes de Varda, bebió de ellas hasta dejarlas secas; pero eructaba vapores negros mientras bebía, y se hinchó hasta tener una forma tan grande y espantosa que Melkor sintió mucho miedo."

Poco después de cometer el mayor de los crímenes y tras huir protegidos por la espantosa opacidad, "una oscuridad que no parecía una ausencia de luz, sino una cosa con substancia: pues en verdad había sido hecha maliciosamente con la materia de la Luz, y tenía el poder de herir el ojo y de penetrar en el corazón y la mente y de estrangular la voluntad misma", Ungoliant, crecida en poder tras devorar los Dos Árboles y otras muchas joyas incontables, exigirá a Melkor el más preciado fruto de su botín, y éste, amedrentado, habrá de invocar en su auxilio a los Balrogs. Ella huirá de los demonios de fuego, refugiándose en un lóbrego valle de Ered Gorgoroth, lugar que habría de ser conocido en adelante como Nan Dungortheb, el Valle de la Muerte Terrible... "por causa del horror que ella crió en ese sitio; porque otras inmundas criaturas arácnidas habían morado allí desde los días de la excavación de Angband, y Ungoliant se acopló con ellas y las devoró; y aún después de que ella se fue, internándose en el olvidado sur del mundo, sus vástagos continuaron allí y tejieron unas telas horribles".

Qué fue de Ungoliant, nadie lo sabe, aunque "han dicho algunos que el fin le llegó hace ya mucho tiempo, cuando, acuciada por el hambre, terminó por devorarse a sí misma".

Allí, en ese paraje maldito con la abominable progenie de Ungoliant, se internarán por necesidad o desesperación pocos entre los más valerosos de los Noldor, y sólo Beren será capaz de desafiar con éxito la locura de esa tierra de nadie. De allí proceden las grandes arañas del Taur-e-Ndaedelos, el Gran Bosque Negro, una prole bastarda, y, la última entre la progenie de Ungoliant, encontramos a Ella-laraña en Torech Ungol.

Las arañas del Bosque Negro

La deliciosa lectura de El Hobbit nos introducirá en el misterioso Bosque Negro, una floresta embrujada y opresiva en la que todo está enfermo, corrompido par la maligna influencia del Nigromante que habita al sur del bosque. En este ambiente umbrío comenzará a insinuarse el peligro acechante:

"Entre las cosas visibles lo más horrible eran las telarañas: espesas telarañas oscuras, con hilos extraordinariamente gruesos... veía destellos alrededor, y a veces, pares de ojos verdes, rojos o amarillos que se clavaban en él desde muy cerca, y luego desaparecían lentamente y empezaban a brillar en otra parte. Pero los ojos que menos le agradaban a Bilbo eran unos que parecían pálidos y bulbosos. "Ojos de insecto", pensaba, "no ojos de animales, pero demasiado grandes"."

Existe ya una cierta complicidad entre el autor y el lector acerca de la naturaleza del oculto horror, mas se permitirá hacernos un guiño cuando nuestros protagonistas, extraviados en lo más profundo de la floresta, pidan a Bilbo que trepe a lo alto de un árbol para orientarse... "y allá tuvo que subir... Todo el tiempo se estuvo preguntando si habría arañas en el árbol... Al fin sacó la cabeza por encima del techo de hojas, y en efecto, encontró arañas. Pero eran pequeñas, del tamaño corriente, y sólo les interesaban las mariposas".

Más adelante, no obstante, tendrán ocasión de enfrentarse con los más horrendos habitantes del Bosque Negro, cuando los desafortunados enanos vayan a parar a toda una colonia de gigantescas arañas, progenie de Ella-laraña, quien a su vez desciende de la ancestral Ungoliant. No nos sorprende, entonces, que estos monstruos posean, además de una maligna inteligencia, la facultad de hablar:

"(Bilbo) observó a un grupo de arañas durante un tiempo, y al fin comprendió que aquellas repugnantes criaturas se hablaban unas a otras. Las voces eran como leves crujidos y siseos, pero Bilbo pudo entender muchas de las palabras".

En realidad, el diálogo que estas mantienen no dista mucho del que oiríamos entre varias brujas caníbales y hambrientas, o de la conversación de los trolls en el capítulo del Carnero Asado. ¡Y no carecen de un perverso sentido del humor! En este episodio, nuestro hobbit salva a los enanos mediante una simple argucia infantil, sí, pero efectiva, pues desde la invisibilidad protectora del Anillo comenzará a hostigar y a hacer enojar a las arañas, atrayéndolas hacia él y alejándolas de los enanos, para luego regresar sigilosamente y liberarlos. Vemos entonces que poseen una elevada dosis de amor propio, superior a su astucia. Al fin y al cabo, su existencia debe de haber sido plácida, sin depredadores naturales de los que temer. Y mucho menos sin nadie que las insultara...

A pesar de su gran tamaño, superior al de un hombre adulto, de su malévola astucia y del horror que han de inspirar tales engendros, Bilbo será capaz de burlarlas e incluso dará buena cuenta de un buen número de ellas... Ciertamente son vulnerables, y no poseen ninguna de las espantosas facultades que Ungoliant legara a su prole más directa. Son la descendencia lejana de aquélla, y cuando el Señor Oscuro sucumba y el Bosque sea saneado, ellas se ocultarán y marchitarán, y menguarán con el tiempo, hasta desaparecer definitivamente.

Ella-laraña

La visión más inquietante de todas será la de Shelob, en Torech Ungol. En El Silmarillion, Ungoliant no es más que un monstruo más dentro de una gran epopeya; en El Hobbit encontramos unas arañas casi cómicas, vencidas por un Mediano entre canturreos... Pero en El Señor de los Anillos, la lobreguez del antro de Ella-laraña logrará asfixiarnos e incluso atemorizarnos y hacernos temer por la seguridad de Frodo y Sam. El escenario es Cirith Dúar, la garganta que atraviesa las Ephel Dúath hasta la tierra sombría de Mordor. Este lugar se convertirá en un feudo de la oscuridad tras la caída de Minas Ithil, cuando de las entrañas de la tierra surja un antiguo horror arácnido, según se dirá, la última de las grandes arañas que sembraron el terror en Nan Dungortheb, descendiente directa de la propia Ungoliant.

En Torech Ungol todos los elementos se conjuran para sobrecogernos e insinuarnos un horror blasfemo que no puede ser descrito con palabras, sino que debe sernos sugerido en un ambiente propio del género de terror... "Aquí, el aire pesaba, estancado, inmóvil, y los ruidos morían, sin ecos ni resonancias. Caminaban en un vapor negro que parecía engendrado por la oscuridad misma, y que cuando era inhalado producía una ceguera, no sólo visual sino también mental, borrando de la memoria todo recuerdo de forma, color y de luz."

En cuanto al pasaje que nos sugiere la inmediata proximidad del monstruo no puede ser más sugerente: "desde atrás les llegó un sonido, sobrecogedor y horrible en el silencio pasado: un gorgoteo, un ruido burbujeante y un silbido largo y venenoso".

El horror permanecerá al acecho, mientras nuestros protagonistas se adentran fatalmente en la guarida del arácnido: "Allí la abertura en la roca era mucho más grande que todas las anteriores, y exhalaba un olor fétido tan nauseabundo y una impresión de malicia tan acechante que Frodo vaciló... El burbujeo sibilante se acercó y hubo un crujido como si una cosa grande y articulada se moviese con lenta determinación en la oscuridad. Un olor fétido la precedía."

Cuando los dos hobbits intenten huir, se toparán de bruces con un nuevo obstáculo, una inmensa telaraña obstruyendo la salida y de gran resistencia: "La atacó furiosamente a golpes de espada, pero el hilo que golpeaba no se rompía. Cedía un poco, y luego, como la cuerda tensa de un arco, rebotaba desviando la hoja y lanzando hacia arriba la espada y el brazo". Finalmente, lograrán desembarazarse de la telaraña pero Ella-laraña es astuta, y su morada cuenta con numerosos pasadizos y recovecos, con lo que terminará acorralando a nuestros héroes, siendo desvelada completamente, al fin, la naturaleza del horror, pues:

"Allí tenia su morada, desde tiempos inmemoriales, una criatura maligna de cuerpo de araña, la misma que en los Días Antiguos habitara en el País de los Elfos, en el Oeste que está ahora sumergido bajo el Mar, la misma que Beren combatiera en Doriath, en las Montañas del Terror, y que hasta entonces, en un remoto plenilunio, había venido a la Tierra Media sobre la hierba verde... Ella, que había estado allí antes que Sauron... y que a nadie servía, sino a sí misma; bebiendo la sangre de los Elfos y de los Hombres, entumecida y obesa, rumiando siempre algún festín; tejiendo telas de sombra; pues todas las cosas vivas eran alimento para Ella, y Ella vomitaba oscuridad. Los retoños, bastardos de compañeros miserables de su propia progenie, que Ella destinaba a morir, se esparcían por doquier de valle en valle, desde Ephel Dúath hasta las colinas del Este, y hasta Dol Guldur y las fortalezas del Bosque Negro. Pero ninguna podía rivalizar con Ella-laraña la Grande, última hija de Ungoliant para tormento del desdichado mundo."

De las aptitudes de Ella-laraña se cita que era capaz de moverse a gran velocidad "avanzando a una rapidez espantosa, sea corriendo sobre sus crujientes patas, sea dando algún salto repentino."

De su fortaleza, "Ella-laraña no era como los dragones, y no tenia más puntos vulnerables que los ojos. Aquel pellejo secular de agujeros y protuberancias de podredumbre estaba protegido interiormente por capas y capas de excrecencias malignas... no había fuerza humana capaz de atravesar aquellos pliegues y repliegues monstruosos, ni aún con un acero forjado por los Elfos o por los Enanos, o empuñado en los Días Antiguos por Beren o por Túrin..."

Contra todo pronóstico, Ella-laraña resultará gravemente herida, desventrada al caer con todas sus fuerzas sobre la espada de Sam en el intento de aplastarle, y repetidamente dañada por la luz del frasco de Galadriel. Aturdida, cegada y presa de tal agonía como jamás había experimentado, derrotada por sí misma, logrará a duras penas arrastrarse hasta la protectora oscuridad, acosada por un exultante y victorioso Sam. Ya nadie volverá a saber de ella, aunque el autor recurrirá una vez más a la hipótesis creando un interrogante acerca del destino final del horror arácnido:

"La historia no cuenta si permaneció largo tiempo encerrada rumiando su malignidad y su desdicha, y si durante largos años de tinieblas se curó desde dentro y reconstituyó los racimos de sus ojos, hasta que un hambre atroz la llevara a tejer nuevamente sus horribles redes en los valles de las Montañas de la Sombra".

Balrogs, licántropos, vampiros, dragones... Todos ellos sucumbieron, incluso el terrible Morgoth o su siervo Sauron fueron sometidos. Mas una sombra se cierne sobre la suerte final de la antigua y maligna Araña. Tal vez aún permanezca al acecho, dispuesta a introducirse en nuestros sueños para trocarlos en pesadillas, tendiendo por doquier sus amortajadas hebras de terror.

Germán Jaramillo - Alatar

Publicado en el Estel 28, primavera de 2000



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