Alicia García Elemmor

Cuando el reino se deshizo, los Dúnedain pasaron a la sombra y se convirtieron en un pueblo secreto y errante.

Fue en el frío otoño de 1999.

Cursaba yo 2º de COU (aunque se diga otra cosa para mi tuvo dos cursos) cuando yendo a hacer fotocopias, miré distraída al tablón de anuncios del local y me encontré a un señor con sombrero que señalándome insistentemente me decía que me buscaba. Al principio pensé que me decía que me alistase al ejercito americano aunque la rara vestimenta del hombrecillo (sombrero puntiagudo y levita) pronto me hizo caer en la cuenta de que aquel era el mismísimo Gandalf. ¡Gandalf en persona me estaba buscando! ¿Quizá me había quedado dormida en clase de filosofía y estaba soñando? No pues no era así. Después de la sorpresa inicial y ya en la realidad del taco de folios a fotocopiar y en un cercano futuro a estudiar, terminé de leer lo que en aquel papel ponía: "Si deseas entrar en el legendario mundo creado por J.R.R. Tolkien eres quien estamos buscando. Contacta con Arth-en-Imladris, la sección local de la STE..." Sociedad Tolkien Española... interesante. Desde los catorce años me había gustado Tolkien. Empecé con El Hobbit y ya no pude parar, El Señor de los Anillos, el Simarillion fueron otros que acabaron en mis manos una y otra vez durante unos añitos.

Al principio pensé que aunque me gustaría ser socia no habría sitio para mí pues seguramente todos serian unos eruditos en todo lo relacionado con Tolkien, cosa que yo no era ni sigo siendo (ni creo que sea); pero no sé por qué extraña razón apunté la dirección en una de las fotocopias que ese día hice. Quizá fueran los primeros síntomas de enfermedad de ese empezado invierno, enfermedad que hizo que mandase una carta y que posteriormente, ya con la respuesta en mano y el primer Estel en mi poder, hizo que sin asistir a ninguna reunión del smial, o siquiera conocer a ninguno de los miembros de Valladolid, me suscribiese a la STE.

Así paso el tiempo (poco tiempo) cuando un día recibí un e-mail del smial advirtiendo de mi presencia, pues a ellos no había tenido la delicadeza de avisarles y se lo había tenido que comunicar el presidente. Así que un viernes quedamos en un bar para que nos conociéramos.

Ese día no las tenia todas conmigo, soy bastante tímida (no sé si decir que era bastante tímida, ha pasado tiempo) y sólo el ir me costaba un gran esfuerzo. Me habían dicho que era en una sala que estaba en el piso de debajo de la cafetería, pero al llegar cual fue mi sorpresa que no había nadie. ¡Ya la había montado!, ¡seguro que me había confundido!, salí fuera para cerciorarme que ese era el bar... sí lo era... me habría confundido de hora... estaba tan nerviosa que me temblaban las manos, me fumé un cigarrillo (ya sé que lo tengo que dejar...) para ver si me calmaba un poco, y cuando entré volví a mirar y allí estaba Juanjo (Haldir) y Germán (el viajero Alatar). Al rato llegó Rubén (Balin) y Víctor (Sam por esa época). Y desde ese día aquí sigo metiendo la pata.

Alguna de mis obras que puedes encontrar en estas páginas son:



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