Por último salieron a un jardín elevado sobre el barranco escarpado del río. El aire era cálido. El sonido del agua que corría y caía en cascadas llegaba a ellos claramente, y un débil perfume de árboles y flores flotaba en la noche.
Aquí es donde acuden los habitantes de la Casa para pasear, relajarse o practicar deportes:
En el soleado porche de la Casa, unas cuantas personas charlan y resuelven pasatiempos.
Subido a un banco bajo un frondoso árbol, un hobbit ha conseguido reunir una cantidad apreciable de público, al cual está narrando por enésima vez el duelo de acertijos que mantuvieron hace años su antepasado Bilbo Bolsón (pariente lejano, pero eso no le importa demasiado a nuestro hobbit con tal de poder aprovechar algo de su fama) y Sméagol-Gollum.
En una zona más apartada, unos cuantos hobbits practican el tiro con ballesta, ajenos al eterno debate de si esas armas existen o no (véase la explicación al respecto recogida por la Universidad Autónoma de Númenor).
Mientras, a mano derecha nace el sendero que lleva al edificio de las cofradías y a los talleres.
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