Altas torres de Tirion

Pero Earëndil subió a la verde colina de Túna y la encontró desierta; y sintió una pesadumbre en el corazón, pues temía que el mal hubiese llegado aun al Reino Bendecido. Anduvo por los caminos desiertos de Tirion, y el polvo que se le posaba sobre los vestidos y zapatos era un polvo de diamantes, y él brillaba y resplandecía mientras subía por la larga escalinata blanca. Y llamó en alta voz en muchas lenguas, tanto élficas como humanas, pero no había nadie que le respondiese. Por fin se volvió hacia el mar.


Altas torres de Tirion; las que un día
el poder de los elfos proclamaban,
mientras sobrias e indómitas se alzaban
más allá de la Muerte y la Agonía:
hueras se ven, cual cáscara vacía,
sin voces que den vida a sus visiones;
y si aún ayer sedientos corazones
pusieron en sus cumbres su mirada,
desengáñense hoy: no queda nada.
Marchitos son el cielo y sus salones.

En tiempos de alabanza, mil batallas
contuvieron el odio del Tirano;
pero al fin se deshizo el sueño vano
de encerrar a la Muerte en sus murallas.
Fatal brotó, guadañas y cizallas,
y cercenó las llamas del futuro.
Fue en vano amar; la fuerza del Oscuro
tiñó el Amor de oscuro desengaño:
el nuevo amanecer tornóse en daño;
el sol febril se irguió cual vil perjuro.

Perdida la esperanza del Oriente,
volvimos al Oeste las miradas;
se alzaron sobre el llanto las jornadas
hacia esa tierra blanca y diferente.
Pisé sus aureas costas, finalmente,
sabiendo que al Destino me ofrecía;
¿mas qué valía al fin la vida mía,
si Vida a mis hermanos regalaba?
Pero se hundió la fe; Tirion callaba,
y morían la luz y la alegría

Recorrí sus estradas macilentas,
puertas en oro gris, calles calladas
y ciegas cristaleras rebajadas
a testigos de aceras polvorientas.
Cegado en el dolor, alcancé a tientas
el nido de la luz blanca y longeva;
¿por qué sonríes, Mindon Eldaliéva,
sonrisa turbia y cruel, mordaz y esquiva?
¡Mira mi puño al sol, en carne viva
llorar el fin amargo de esta prueba!

Con lágrimas aún, bajé la loma
y encaminé mi voz a mi velero,
para encontrar refugio pasajero
en las alas de argén de una paloma.
El sol, si bien herido, vivo asoma
sobre el levante en nieblas, adelante;
mientras nos valga el mar y el alma aguante
contendremos en pie su balanceo;
y descansar al fin... pero ¿qué veo?
Desde la playa sube un caminante...

Josu Gómez - Eleder

Ganador del primer concurso de poesía Bilbo Bolsón, de la Asociación Tolkien Argentina.



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